Las amistades peligrosas

Hay profesiones, especialmente aquellas que ofrecen servicios en vez de algo tangible, que se prestan a que la gente no las valore. La de traductor es una de ellas, y eso hace que amigos y conocidos consideren favores lo que para nosotros es nuestro medio para ganarnos la vida. Lo que me sucedió anoche es solo un ejemplo de lo que seguro os ha pasado a todos.

Contexto: una conocida con la que hace al menos un par de años que no hablaba me escribe pidiéndome que le “eche un ojo” a la traducción EN-ES para una compañera. Al principio me comenta que es jurada, y mi respuesta no se hace esperar: si es jurada no hay nada que yo pueda hacer porque no estoy acreditada para esa combinación. De lo contrario no me importaría cotejar los textos (¡error!).

Al final resulta que no es una traducción jurada y cuál es mi sorpresa cuando me encuentro con diez documentos, cinco en inglés y cinco en español en mi bandeja de Facebook. Se trata de textos típicos de la traducción jurada: certificados de nacimiento, matrimonio, defunción etc…Mi reacción inmediata es la obvia: explicarle que yo vivo de esto y que estamos hablando de nada menos que de cinco documentos. Si fueran uno o dos todavía podría hacerle el favor, pero esto ya es un encargo de cobrar porque me llevará mi tiempo hacer las correcciones. Por supuesto estaría dispuesta a hacer un precio amigo. Lejos de querer comprender mis palabras, la persona en cuestión se pone a la defensiva, argumentando que son documentos con poco texto (eso lo decidiré yo, por cierto) y que no tengo que hacer correcciones, que solo es echar una ojeada. Mi reflexión es la siguiente: ¿para qué quiere que le eche una ojeada si no voy a hacer correcciones en caso de error?

Tras mucho insistir me suelta la bomba: se trata de los deberes de una estudiante polaca de traducción amiga suya, que tiene miedo de que la suspendan y por eso quiere que pasen por mis manos. El acabóse. Que una estudiante le pase los deberes a una profesional para que se los corrija. No se conocen de nada, y el contacto que las une no es precisamente de uña y carne con quien va a hacer el favor. Lo que añade una dificultad: la estudiante es polaca y por lo tanto no es de lengua materna española. ¿Y me dicen que no quieren que corrija nada?

Al final, como no quería entrar en peleas, sencillamente le dije que sintiéndolo mucho, no iba a ayudarla. Aquí es donde una queda como la bruja malvada, como una carera, como una insolidaria, o incluso como una rancia. Me da igual. Llevo mucho tiempo intentando ganar como es debido por el trabajo que hago, y es precisamente este tipo de actitud la que menosprecia a la profesión y la que impide que se nos respete como gremio. Mi tiempo vale su dinero, y este “favorcito” me iba a llevar mi tiempo. Y el que no quiera entender, que no entienda. Quién sabe si me habré ganado una enemiga, pero yo tengo la mente en paz. Podemos trabajar gratis, cierto. Estoy pensando en voluntariados o colaboraciones. Pero eso lo hacemos porque NOSOTROS queremos.

Y esta situación se da porque hay profesiones que se prestan. Como la del amigo abogado al que le pides consejo legal en la barra del bar o el amigo psicólogo al que le cuentas tus problemas ante una taza de café. Esa misma actividad, la cobran por horas en su despacho. Y por mi parte, los favores, solo a la familia y al querido, que me lo paga en carnes.

Anuncios

6 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

6 Respuestas a “Las amistades peligrosas

  1. Asha

    Al final la diferencia entre hacer “favores” y trabajar para organizaciones sin ánimo de lucro es que lo segundo lo escogemos nosotros, pero sigue siendo aceptar cacahuetes. Al fin y al cabo estas organizaciones sí pagan la luz, el agua o al contable, ¿no? ¿Entonces por qué los traductores no merecemos el mismo trato?

    • Muchas gracias por tu comentario.
      Cierto es que en el tema de los voluntariados hay mucha pana que cortar. Hay que escoger muy bien y con mucho cuidado las organizaciones con las que vas a colaborar. Primero, efectivamente, porque es posible que tengan dinero de sobra para pagar nuestros servicios, pero me temo que eso no lo descubres más que a posteriori. Después, porque hay muchas a las que les das la mano y te cogen el brazo, haciendo de tu colaboración una costumbre. Y hay otros voluntariados que son un auténtico despropósito (hablo del anual que se hace en un castillo de Suiza, donde hasta los intérpretes voluntarios tienen que ir de etiqueta, pero siempre hay recién licenciados que quieren dar sus primeros pasos sin comprender la situación). Por mi parte, poco a poco voy viendo quién merece mi ayuda y quien no según voy descubriendo cosas. Pero ante todo, tengo la premisa de que mi tiempo es dinero, como decía, y no voy a dejar de trabajar para hacer favores o echar un cable.
      Muchas gracias 🙂

  2. El querido

    Cuánta razón, cuánta razón.

  3. Javier Gómez

    Debo de ser un tipo raro pero la verdad es que no estoy de acuerdo en casi nada contigo Iciar, y creo que aún menos con Asha. Básicamente, entiendo que en cualquiera de los dos casos (amistad, voluntariado) tienes la misma capacidad de decisión. Por supuesto, entiendo que son decisiones muy personales y que cada uno debe valorar en cualquiera de las dos situaciones. En mi opinión particular, hay pocas cosas que valore más que la amistad, por lo que yo jamás he cobrado a un amigo, pero como digo, cada uno debe valorar. Entiendo que en el voluntariado ocurre exactamente lo mismo, cada uno es libre a la hora de decidir si quieres o no quieres ayudar, al igual que nadie está obligado a levantar a una señora que ha tropezado andando por la calle. Por supuesto que hay muchas organizaciones que tienen dinero suficiente como para pagar la luz, el agua, el gas, la contabilidad, etc. pero se trata de obtener la mayor cantidad de beneficios posibles para cumplir en mayor grado con su objetivo fundacional, por ello, acuden a empresas o profesionales en busca de ayuda. Hay muchísimas organizaciones que no pagan la contabilidad y muchos contables jubilados que colaboran con estas asociaciones. Yo sigo creyendo en la colaboración, en la ayuda a los más lo necesitan y sigo pensando que la amistad es uno de los pilares fundamentales que sustentan mi felicidad y que la amistad requiere esfuerzos y muchos sacrificios pero como digo, es sólo una opinión más.
    Te felicito por la entrada; me ha empujado a comentar.
    Saludos,
    Javier

    • Hola Javier, muchísimas gracias por comentar. Me gusta que haya disparidad de opiniones para que podamos intercambiar puntos de vista.

      Me voy a centrar primero en el tema de la amistad si me lo permites. El ejemplo de mi entrada no era, ni mucho menos, para una amiga. Solo conocida que sabe a qué me dedico. Como dices, somos libres de decidir a quién ayudamos, si lo hacemos de forma altruista o si esperamos algo a cambio. No voy a decir que no ayude a un amigo (de mi circulo más cercano, que se cuenta con los dedos de la mano), siempre y cuando se lo merezca y no se acuerde de mí únicamente cuando me necesita como viene siendo el caso del 90% de la gente que te viene pidiendo favores profesionales. Por ayudar a un amigo con una traducción jurada de francés (en aquel momento yo no era jurada aún) casi me cuesta una amistad mucho más importante con la traductora que sí iba a jurar los documentos (una jugarreta o malentendido…nunca lo sabremos). Los que son amigos de verdad no te piden favores, se los ofreces tú (al menos en mi caso). Por otra parte, soy también de las que opina que hay que tener amigos hasta en el infierno, y que hoy por ti mañana por mí. Si veo que ayudar a una persona con mis traducciones mañana puede aportarme algo, podría considerarlo. Sin embargo, como en este ejemplo, la mayoría de las veces son gente con mucho “morro” que solo se acuerdan de tu existencia cuando te necesitan y desaparecen en el olvido.

      Pasemos a los voluntariados. Ahora quizás menos por trabajo, pero antes era muy activa en temas de colaboración con ONGs y organismos varios. La experiencia y la observación te enseñan a distinguir quién lo necesita y quién se está aprovechando, sencillamente. Tengo una organización en mente que constantemente requiere los servicios de tanto traductores como intérpretes, tienen a mi modo de ver perfectamente los medios, y encima no dan ni las gracias. En esta situación suelen pagar justos por pecadores, pero es así. No dudo de que haya ONGs que piden voluntarios, tanto traductores, como contables, y que pueden incluso pagar un alquiler simbólico por el local. Pero hay otras, especialmente las que piden intérpretes, que te meten en un hotel de cuatro estrellas en París (true story), que organizan su conferencia en un castillo y cobran una entrada considerable a los asistentes, que pagan los viajes transatlánticos para traer a representantes varios a gastos pagados…

      La clave es saber elegir. Y permíteme insistir: somos profesionales, vivimos de nuestras traducciones. El de la frutería me puede hacer un precio de amigo o regalarme un par de manzanas por ser buena clienta, pero no le veo dando un kilo de naranjas (que podría venderlas perfectamente) al camarero del bar de al lado porque se lo ha pedido.

      Como decía, opiniones hay para todos los gustos, y cada cual es libre de tener sus políticas sobre este aspecto.

      Muchas gracias de nuevo por comentar 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s