Chocolate, gofres y cabinas

Aunque ya estamos en octubre, quiero concluir mi relato sobre mis vacaciones de verano (ya va siendo hora, ¿no?).

Voy a saltarme una etapa, Dresde, donde aproveché para ir a reforzar mi alemán aunque en una academia de chiste (que no nombraré, a quien le interese ya le daré la información en privado) pero donde también hice muy buenos amigos.

Me plantaré esta vez directamente en Bruselas. Como ya había tenido la ocasión en el pasado, se me ofreció la oportunidad de asistir a las clases de verano de interpretación del ISTI (Institut Supérieur de Traducteurs et Interprètes). Es una especie de “clase de recuperación” gratuita para alumnos que no hayan aprobado los exámenes de interpretación de junio y tienen una segunda oportunidad en septiembre…y ello conlleva practicar durante el mes de agosto. De vez en cuando también se apuntan profesionales que tienen previsto presentarse a los exámenes de la UE…o como yo, que sencillamente les apetece practicar.

El “curso” (es más una reunión de compañeros que algo oficial) está organizado de forma altruista por Raymond van den Plas, antiguo del SCIC y profesor invitado/ miembro del tribunal en exámenes de varios másteres EMCI, y al que tengo que agradecer que me haya permitido una vez más pasarme por allí.

A pesar de que el curso dura todo el mes, yo solo me quedé dos semanas pero que aproveché todo lo que pude (el número de cabinas era limitado y hay que tener en cuenta que mucha gente se la jugaba en septiembre mientras que yo estaba “de visita”).

La primera semana me dediqué sobre todo a practicar la toma de notas…esa técnica que cuesta tanto desarrollar y tan poco perder.

La segunda semana, viendo que éramos muchos para pocas cabinas, me ofrecí para dar discursos en español, ya que la profesora de español del ISTI, Fiore, no paraba de preparar discursos y empezaba a quedarse sin material. Así que ni cortos ni perezosos, los dos “externos” de español que estábamos reciclamos o escribimos varios discursos –debo decir que algunos de una dificultad demasiado alta para los estudiantes, mea culpa ^-^.

Pero sin duda, con la experiencia que me quedo es con la de haber ejercido, aunque sea durante unos días, de profesora de interpretación.

Aprovechando que yo era la que daba discursos, pude hacer comentarios sobre las consecutivas, o sobre las simultáneas que escuchaba mientras mi compañero tomaba la palabra. ¿Quizás la docencia en este campo podría ser un nuevo palo que tocar en mi vida profesional? A saber, pero de lo que estoy segura es de que disfruté muchísimo ayudando a los alumnos, dándoles consejos, diciéndoles (sobre todo) lo que me había gustado y cómo podrían mejorar sus carencias.

Por supuesto, si se abren las puertas de la formación de intérpretes para mí, seréis los primeros en saberlo 😉

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