Gracias por venir, a lo Lina Morgan.

Hoy voy a hablar de las aventuras de una traductora-intérprete anónima (al estilo de Aída González) en París.

Precedente: 3 días en consecutiva/bidule, que al final fueron 2 porque decidieron que no necesitarían los servicios el primer día.

 La intérprete llega, como es normal, 20 minutos antes de la hora, en el lugar donde la han convocado. La avanzadilla del cliente llega con media hora de retraso pero bueno, es el cliente, él sabrá. Cuán fue la sorpresa de la intérprete al descubrir que una de las reuniones ya había comenzado sin ella…en otro pabellón a 15 minutos. Una vez en el lugar exacto, se le dice “quédate aquí, cuando salgan te presentas”. Muy bien, ellos sabrán. Al salir, como indicado y como marca el protocolo, la intérprete va a presentarse al cliente, y no puede evitar preguntar por lo sucedido. “No te preocupes, para esta reunión no te necesitábamos. Realmente estás aquí por si acaso”. Conforme, ellos sabrán.

 Pero la muchacha se empieza a mosquear al ver que no la estaban utilizando en toda la mañana. No puede dejar de pensar “aquí todos hablan inglés, no entiendo muy bien por qué me ha contratado”.

 De repente, llega el momento de las declaraciones en público. “Aquí igual sí te necesitamos, estate atenta”. Al haber entre el público solo una persona que no hablara español, se les propuso un chuchotage y una consecutiva cuando se expresara el individuo en cuestión. “Perfecto” dice el cliente. Todo marchaba: la intérprete se había hecho con todos los discursos que se iban a leer, y además el cliente quería hacer un “ensayo general” para ver cómo se haría eso del “chuchotage”. El siguiente paso era localizar al no hispanohablante, presentarse, explicarle la situación y aclarar puntos de su discurso (pausas, terminología etc). “Esta es la mía, va a salir bordado” piensa la ingenua intérprete. “Tengo los textos, tengo la terminología de última hora, he amaestrado a los ponentes y además estreno falda y tacones que aunque me acaben de ganar un tobillo torcido, voy monísima”.

 Llega el momento de la verdad: la intérprete, que no se imaginaba que iba a estar en un lugar tan visible, se coloca al lado de la persona a la que había que hacer chuchotage. Esto durante cinco segundos, porque de inmediato la mandan fuera para las fotos oficiales. De inmediato se acuerda de la bidule…quizás habría sido mejor idea.

El primer ponente habla en francés. “Horreur! Sé que hablan inglés…¿pero y francés?”. Su fiel cuaderno de notas en mano, se dispone a prepararse para la consecutiva. Una consecutiva que no llegó porque ni le dieron tiempo a subir antes del siguiente discurso. “Bueno…ellos sabrán de nuevo”. Obviamente, el discurso que habían ensayado para el chuchotage se quedó en agua de borrajas ya que no le permitían ni subir al estrado.

Toma la palabra el no hispanohablante. Quizás a él le interesaba que todo el mundo entendiera a la perfección lo que decía, quizás se apiadó de la intérprete, pero la hizo subir al escenario. “Bueno, algo es algo”. Con el texto delante, toda la terminología apuntada y respetando los tiempos ensayados con el ponente, la intérprete borda su prestación…hasta el tercer párrafo.

Veréis, lo malo de la consecutiva es que requiere el doble de tiempo, algo que al parecer ni tenían, ni estaban dispuestos a perder. Además, solo disponían de un micro para ponente y curranta, lo que significaba que iba a salir en la foto. Y no queremos eso, ¿verdad? De nuevo mandan a la muchacha fuera del escenario, con el discurso a medio interpretar. “Pues nada…ellos sabrán”. Más discursos en castellano. “No se preocupe señorita que ya le está traduciendo el caballero que sí está en el escenario”. Cara de incredulidad.

Llega la hora de comer. Hasta el momento a la intérprete solo la han usado de correveidile tipo “dile que traiga la tableta” o “dale esto a Fulanito”. Creo que estaban a un paso de pedirle un café a la mujer. Al cabo de un rato, llega lo obvio: “mira, puedes ir a casa que esta tarde no te vamos a necesitar tampoco, ya te avisaremos si eso para mañana”. Huelga decir que el día siguiente se lo dieron libre.

 Problema de esta historia: el cliente no quiere pagar a la agencia ni por la intérprete, ni por la bidule argumentando que no se han utilizado. Y para más inri, la primera excusa que ponen es que la intérprete era mala (argumento que cambian al ver que no colaba). No se puede ser más rastrero ni dar un golpe más bajo.

Por eso, la intérprete anónima me ha dado un consejo después de esta experiencia: “Nena, guárdate mucho de este tipo de clientes. Esta será seguramente mi primera factura impagada”.

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