Archivo diario: 15 de mayo de 2012

La imparcialidad del intérprete policial

Esta entrada, con permiso de los traductores, va dedicada a todos los intérpretes policiales aquí presentes.

Parece que el tema de la interpretación judicial/policial y servicios sociales está muy de moda, no especialmente por razones positivas, así que voy a aprovechar el tirón. Hablando de este tema, se conoce que en todas partes cuecen habas: primero en España, luego Inglaterra y Gales y el domingo tuve el disgusto de enterarme de que en Estados Unidos (se puso el ejemplo concreto de Nevada, donde están bajando de forma exponencial el sueldo de los intérpretes EN<>ES de estos ámbitos) también están adoptando malos vicios[1]. Y me temo que éstos no son los únicos casos, ni serán los últimos desgraciadamente.

Ya tendré ocasión de dedicarle otro post a la pésima situación que conocemos; hoy quiero centrarme en el aspecto humano del intérprete policial.

Todos sabemos que el intérprete, sea cual fuere su especialidad, debe mantenerse neutral, imparcial y adoptar “yo sólo soy la voz” como lema. Pero, ¿acaso no resulta difícil en muchas ocasiones no emocionarse con algún caso, o no sentir una antipatía especial hacia algún sujeto?

Cada vez que me llaman para asistir a alguien en comisaría me tengo que concienciar y decirme a mí misma que, pase lo que pase, saldré de allí igual que entré, sin inmutarme y fría…pero todos sabemos que no es cierto. Y al final es que una es humana. Malos tratos, peticiones de asilo, tráfico de drogas, expedientes de expulsión…mi cerebro, por desgracia, siempre tiende emocionarse con las historias, o todo lo contrario: a separar  los buenos de los malos y en ciertas ocasiones, a detectar la mentira en una declaración.

En este último punto, en la sección de demanda de asilo es donde más se ven las estrategias. Dignos de mencionar son los dos últimos casos en los que he asistido. Una madre, llegada de un país X para pedir asilo en España, se trae a sus dos criaturas, berreando y dando guerra, para inclinar la balanza a su favor. Nada que objetar si no fuera porque los enanos convirtieron el momento de la interpretación en una sesión de “no toques eso”, “no metas los dedos en el enchufe” “saca eso de la boca”…haciendo que la entrevista se alargase hasta la eternidad. Debí haber pedido un extra por “babysitting”.

El segundo caso digno de mención tiene como protagonista a un chaval de mi edad, de nuevo pidiendo asilo a España, para lo cual se declara homosexual, algo castigado con la muerte en su país. Hasta ahí correcto, si no fuera por el hecho de que al final de la entrevista y aprovechando la ausencia del funcionario de turno, ni corto ni perezoso le pide el teléfono a la intérprete para “tomar un café algún día”…

Aún así, viéndolas de todos los colores y formatos, el intérprete debe limitarse a hacer pasar el mensaje con toda la información. Ni más, ni menos. Aunque no todos los días sea fácil.


[1] Más info sobre este tema aquí.

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