Archivo mensual: marzo 2012

¿Necesitas una interpretación? Bien. Hablemos de documentación.

Hoy estoy alucinando en cinemascope.

 Me ha sucedido lo siguiente: una agencia con la que alguna vez he colaborado (y vaya por delante que en esta historia la agencia no va a ser la mala, ya que nunca he tenido una sola queja de esta en concreto y siempre han sido amables conmigo y prontos en el pago) se ha puesto en contacto conmigo para un nuevo proyecto de interpretación.

 Hasta aquí bien.

 Sigo leyendo el mail.

 Me piden presupuesto y disponibilidad para una simultánea de un par de días sobre medicina.

 Vale, pienso. Con una buena preparación de antemano se puede hacer.

 Aquí viene lo gordo.

 En un primer mail me dicen que no podrán tener las ponencias de antemano, pero sí el nombre de los participantes.

 Se me encienden todas las alarmas. Código rojo.

 Mi respuesta es la que creo que cualquiera en mi lugar habría dado: la interpretación se aceptará si en los días previos es posible recibir la información necesaria para poder realizar una prestación acorde al nivel esperado.

 Nuevo mail de la agencia, explicando que el cliente había sido muy claro en ese aspecto, y que lo máximo que iba a facilitar era los nombres de los ponentes, por lo que ni siquiera se sabría la especialidad de la que se iba a tratar hasta un par de días antes (me imagino que hasta recibir el nombre de los ponentes y poder realizar investigaciones sobre sus áreas de especialización).

 Sintiéndolo en el alma, no me han dejado otra salida que rechazar el encargo hasta que el cliente entre en razón y quiera proporcionar más datos. ¿Quién de vosotros lo habría aceptado? Tratándose de un campo tan amplio como lo es la medicina, y sin más información que unos nombres propios, no me parece muy factible realizar una interpretación ni mínimamente cómoda.

 Llegamos a la madre del cordero: ¿os parece este un cliente educado para realizar ponencias en las que se requiera una interpretación? No. Este cliente no tiene ni pajorera idea (por ser fina) del trabajo que hay detrás de una cabina. ¡Porque me imagino que querrán exponer algo más que “si te duele la cabeza, tómate una aspirina”!

No se puede pedir a un profesional que entre en cabina prácticamente a ciegas y encima esperar una prestación de calidad.

 Todos sabemos que en la preparación de una presentación reside por lo menos el 50% del éxito de una interpretación, si no más. Es el factor más importante, condición sine quam non  es imposible lidiar con temas de esta índole.

 Quizás algún día los clientes lo entenderán. Hasta entonces…

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Tertulias virtuales

Con permiso de todos vosotros, me gustaría aprovechar esta página para hacer un poco de publicidad que a buen seguro os resultará interesante, si no conocéis ya “el producto” (y si lo conocéis…¡pues también!). Estoy convencida de que a los creadores de la idea en cuestión tampoco les importará.

Estoy hablando de las “Endless Possibilities Talks” (#EPT para los twiteros). Esta iniciativa, ideada por intérpretes para intérpretes (aunque se admiten traductores también) está firmada por Al Navas, Gerda Prato-Espejo y Esther Navarro-Hall (alias, los tres mosqueteros).

¿Qué es? En primer lugar, se trata de una forma de conocer a colegas de profesión de todo el mundo. Para una profesión algo solitaria como la nuestra, es importante socializar de vez en cuando con gente que hable nuestro mismo idioma (el de la traducción y la interpretación, que todos sabemos lo difícil que es presentar nuestro mundo a personas que no viven en él).

Ese, a pesar de ser el objetivo principal, no es el único. También es una gran fuente de información, ya que se comparten experiencias, pautas y se compara el estado de la profesión en diferentes países (siempre está bien saber qué está pasando allende nuestras fronteras), amén de poder escuchar a grandes profesionales de renombre con varios años de trabajo a sus espaldas.

¿Dónde? En Google+. Sí, chicos, tendríais que abriros una nueva cuenta en una nueva red social. Por qué en otra red social, os preguntaréis. Muy sencillo: con Google+, podemos hacer videoconferencias y  hablar todos en tiempo real, y de paso vernos las caras y poner voz a la gente a la que se sigue en Twitter. Otra gran ventaja es que las sesiones “oficiales” se pueden grabar y colgar en youtube para una mayor divulgación entre la comunidad de profesionales…y por si alguien se hubiera perdido la sesión, para que la pueda ver más adelante.

¿Cuándo? Todos los días hay un Hangout School a eso de las 21h30 (hora de Madrid) para enseñar a la gente a utilizar el invento…o simplemente para charlar, ya sea sobre trabajo o sobre cómo nos ha ido el día.

Los domingos a las 21h aproximadamente se graba una sesión especial sobre un tema en concreto (el mercado en EE.UU y Latinoamérica, asociaciones de intérpretes o incluso tecnología para traductores) con expertos de la profesión. Existe la posibilidad de hacerles preguntas por chat o Twitter, lo que es una gran ventaja.

¿Aún no estáis convencidos? Pues echad un vistazo a la grabación de la semana pasada

https://plus.google.com/photos/103996224417686513632/albums/5721913641714618561

Dicho lo cual, aprovecho también para recomendaros sin duda alguna la iniciativa de Lionel Dersot: #IntJC (o Interpreting Journal Club), los sábados cada quince días, a las 14h, donde se discute mediante tweets diferentes aspectos de la interpretación.

 

Gracias a ellos, todos los días aprendo algo nuevo sobre nuestro querido trabajo.

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¿El amor está en el aire?

 

Hace cosa de un mes, leí una entrada de blog muy graciosa. Trataba sobre cómo debe actuar un intérprete cuando una de las partes empieza a coquetear indiscretamente con la otra. Todo desde un punto de vista  deontológico, es decir, qué debería hacer el intérprete en esa situación.

Mi mente me trasladó a este momento de la serie Friends:

http://www.youtube.com/watch?v=PAAK9lnImjo

 

Mi reacción no se hizo esperar. ¿Y si el coqueteo se da con la intérprete?

Este es un tema del que he podido hablar en bastantes ocasiones con colegas y amigos esta semana (se conoce que ha coincidido todo a la vez) así que ¿por qué no dedicarle una entrada en mi recién estrenado blog?

Como intérprete en una fábrica de coches donde básicamente sólo trabajan maromos, y soy claramente la única hembra a un kilómetro a la redonda (una profesión típica de mujeres-reconozcámoslo- en un ambiente clásico de hombres), a veces es bastante incómodo notar cómo te siguen con la mirada allá por donde vas (a veces por curiosidad, otras no), aún llevando unos vaqueros viejos, una bata sucia tres tallas más grande y unos zapatos de seguridad antiestéticos y de dos kilos de peso.

Vamos a analizar los pros y los contras de la situación:

Pro: con un gesto de damisela en apuros, puedes hacer que tu cliente consiga lo que quiera, ya que la interlocutora es propicia para ello. “La petite dame”, que es como se me conoce, puede conseguir todo lo que quiera con una sonrisa en los labios, poniendo ojitos y abusando de los “merci” , “je vous en prie” y “si vous auriez la gentillesse”.

Contra: hay que tener ojo en la forma de “espantar a los moscones”. Esto no es un bar/pub en el que puedes soltar cualquier perla para ahuyentar al personal, es posible que vayas a necesitar más adelante a esas personas y te interesa tenerlas de tu parte. Y grabar un “NO” rotundo en sus mentes es difícil cuando se ha de hacer de forma profesional y amable.

Pro: está bien crearse una vida social en el lugar de trabajo para esos momentos de paro, que se harían muy pesados considerando la cantidad de horas que paso en la fábrica.

Contra: en los momentos de trabajo, siguen queriendo hablar contigo, no permiten concentrarte y no entienden que el cliente te necesita y NO puedo ir a tomar café con ellos en ese momento.

Pro: los piropos que le echan a una suben la moral (y la que diga lo contrario, miente como una bellaca)

Contra: a veces hay que soportar comentarios que van muy a saco, y que no proceden en un lugar de trabajo.

Mis jefes, que son perfectamente conscientes de la situación, bromean: “Iciar, sintiéndolo mucho, te vamos a tener que despedir. ¡No puede ser que por donde vayamos me tenga que estar resbalando con las babas de todo el taller! Vamos a contratar a un hombre, feo y con barba. ” Aunque por otro lado, uno de ellos se ha marcado dos objetivos que se han de cumplir antes de terminar este proyecto, a saber: 1- que su colega deje de fumar (lo veo difícil) 2- conseguirme un novio, y no se corta nada en darme su valoración sobre los posibles candidatos (candidatos a su modo de ver, claro). ¡le deseo buena suerte!

Siempre hay algunos “compañeros” más insistentes que otros. A esos, mis jefes los conocen no por sus nombres o apellidos, sino por “el novio #1”, “el novio #2” y así sucesivamente. Ya hay algunos que me ponen nerviosa, se pueden tirar un buen rato apoyados en una barandilla observándome ¡como si fueran un ave de rapiña! También está el género contrario, aquellos que intentan pasar desapercibidos hasta que ven la ocasión de acercarse a charlar. Los que se quieren ir construyendo el camino piano piano. Aviso: ¡no por ello van a tener más o menos éxito!

En resumen, a veces la amabilidad y profesionalidad se pueden confundir en un ambiente como este. “Tomamos café”, “quieres que cenemos” o “me das tu teléfono” ya no son frases que me sorprendan aquí, aunque no por ello me deje de sentir incómoda cada vez tengo que lidiar con ellas. Me recuerdo constantemente que estoy trabajando, que debo mantener las formas y que la profesional que llevo dentro tiene que imponerse. Aunque a veces los demás no se enteren de la fiesta.

¿Alguien más se ha visto en una situación parecida? ¿Qué posición adoptaríais? ¡Animaos a contar vuestra experiencia!

PD: mientras comenzaba a escribir estas líneas, han venido dos a cotillear lo que estaba haciendo, y uno de ellos, de los que preparan el terreno para el abordaje, me ha preguntado si tengo novio. Ahí queda eso.

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Quien avisa no es traidor

Llevaba un par de semanas amenazando, y ahora, durante un tiempo muy muerto de una sesión de interpretación, entre troqueles, grasa, viruta y otros elementos que ponen en jaque a la integridad física de mi ordenador, he decidido cumplir esta determinación: escribir (o debería decir, volver a escribir) un blog.
Reconozco que lo considero una moda, no necesariamente pasajera. Quizás dentro de poco todo el mundo tenga un blog, igual que todo el mundo tiene una cuenta Facebook, del que he sido siempre detractora hasta que la presión social me obligó prácticamente a estar presente en las redes sociales. Confesión, ahora me encantan.
Un amigo me dijo un buen día “últimamente parece que si no escribes un blog, no eres nadie”. Muy cierto, pensé.
¿Y que voy a hacer yo con un blog? Esa pregunta me la llevo haciendo una temporada. El listón está muy alto, debo decir tras seguir durante meses a los blogeros empedernidos del mundo de la traducción y la interpretación, un nivel que es muy difícil de alcanzar – aunque debo decir que el objetivo de todo esto no es otro que el de pasar un buen rato escribiendo reflexiones que quizás, y sólo quizás, le puedan interesar a alguien.
Por esto mismo, y tras reflexionarlo bien, me gustaría que este blog fuera una especie de diario sobre nuestra amada profesión basado en experiencias personales, dejando la teoría sobre “como ganar/perder a un cliente” o “qué tarifas se pueden considerar justas” a un lado, que para eso ya hay otras personas que lo hacen de maravilla y de forma muy didáctica. También pienso dejar de lado todo lo que he leído sobre “como llevar un blog”. No es que no me importe, pero un blog es algo personal, y cada cual decide darle su toque. El público es libre de leer o no. Quiero que la gente se divierta leyendo esto, y por supuesto, animarla a compartir experiencias similares y reacciones.
Dicho lo cual, queda inaugurado este blog, espero que no uno más entre la marabunta, sean ustedes bienvenidos.

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Para conocerme mejor

Traductora-Intérprete jurada. El francés, el inglés y el italiano son mis herramientas, el pijama o los cascos mi uniforme de trabajo. Enamorada de los idiomas, la música y los viajes. Bienvenido, ponte cómodo y compartamos vivencias sobre nuestro trabajo, casi hobby.

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